miércoles, 26 de noviembre de 2008

Rincón público para llorar desnudos


En mi ciudad no hay trenes. Ni cielos con portaequipaje. Tampoco hay niñas que vuelen con sombrillas. Pero sí hay cuerpos que cuelgan en garfios y pájaros negros que les arrancan los pelos a picotazos. En mi ciudad hay animales con sed y esquinas con nombres que pocos conocen. Puertas de madera y edificios con vacíos. En mi ciudad hay baños para caballeros y baños para damas. Toallas en los hoteles y saleros en los restaurantes. Cajeros automáticos y timbres en las puertas. Pero en mi ciudad no hay rincones para llorar en público y desnudos. Un lugar donde uno meta una moneda y puede sentarse cómodamente a gimotear. Una máquina que después de introducir la moneda le dé al usuario, que está a punto de venirse en llanto, algunas servilletas para las lágrimas, para los mocos. No, no hay, ni siquiera un rinconcito; tan arrinconado como un confesionario, como una rockola vieja, como una letrina antigua.
No hay rincones para llorar en público y desnudos. No me porfíen, ya los he buscados en todos los letreros de las calles y siempre encuentro lo mismo: bancos, cines, bares, tiendas, librerías, casas de empeño, farmacias; pero nunca un letrero que diga: rincón para llorar desnudo (1 peso). Entonces a uno no le queda más remedio que irse a casa a desmigarse en un rincón del cuarto, en un acto privado de llanto y moco. De maldiciones y temores. Llorar solo, sin público, en silencio, calladito. Mordiendo la almohada, quedándose dormido después de deshacerse todo en lágrima suelta. Y volver a despertar en la madrugada con la luz del televisor encendido dándole a uno en la cara. Y pararse para ir al baño y cerciorarse de que uno es puro cuerpo, puro llanto, puro moco.

9 comentarios:

Asterión dijo...

Hola, Carolina:

Podríamos discutir un rato acerca de si esto es poema o relato, jeje, pues yo sinceramente lo habría puesto en verso. Creo que las imágenes, los versos están bastante definidos. Además, tiene fuerza y crece como un poema.

Pero bueno, no vale la pena discutir por eso (claro, como ya yo lo hice, jaja).

Me gustó bastante.

Un abrazo.

Carolina Lozada dijo...

Gustavo:
Si hay algo que respeto mucho es a la señora poesía. Por esa razón nunca me he querido meter en sus mares, para no salir ahogada. Además, vivo en una ciudad donde los "poetas" nacen debajo de las piedras, así que aquí todo el mundo es "poeta". Muchos dicen que hay más poetas que gente; claro está todo esto es un mito. Ser poeta en esta ciudad es ser bohemio, borracho. Tú me entiendes, esos viejos estigmas ya, afortunadamente, superados.
En fin, me halaga mucho tu comentario y tu invitación a discutir si esta "conversación de café" son versos.
Yo, para ser sincera, creo que no es tampoco cuento, por eso lo puse en la categoría de conversaciones.
En fin, un abrazo a vos y a tus ocurrencias

Gustavo Valle dijo...

Está bueno, Carolina, me gustó. Habría que poner máquinas díspensadoras de pañuelos por todas partes, y también máquinas dispensadoras de certidumbres, junto con algún anxioleconómico. Hay muchas cosas que aún el cámara de comercio no ha descubierto.

Jairo Rojas dijo...

Por lo que se ve, en estos últimos días, de existir esos rincones seguramente habría una fila considerable de gente con cara tranquila esperando por entrar a su llanto desnudo, que es, verdaderamente, como se llora.

Carolina Lozada dijo...

Anxiol económico y fiao. Con la endeble promesa de ser pagado después de que pase el temblor.
Saludos a los Gustavos.

mon dijo...

Esta página ha sido un buen lugar para llogar tu prosa poética (¿?) sin tapujos. Me encantó su melancolía y la manera en que se va deslizando, o chorreando, densamente...sí, como un flujo de moco.

BLUEKITTY dijo...

Al leer tu descripción de esta ciudad, siento tristeza. Al releerlo creo que mi ciudad es así. Ojalá pudiera mudarme.

Lindo texto.

Carolina Lozada dijo...

Jairo:
¿Te imaginas una tranca causada por la larga fila de personas esperando por su rincón público para llorar desnudos? Y el emo mayor, abusando del tiempo en el rincón, sin querer salir, metiendo moneditas de esas bronceadas y nuevas. De esas que a él tanto le gustan.
Saludos a la gente de Springfield.

Mon:
Qué bueno que te haya gustado llegar hasta estos tejados en este intenso tráfico de blogs.

Carolina Lozada dijo...

BLUEKITTY:
Sí, a veces dan ganas de cambiarse de piel y mudar de ciudad. Es entonces cuando las aves y los camaleones dan aquella envidia. Sin embargo, mientras haya gatos que perseguir bajo las noches de tormentas, uno puede seguir respirando su ciudad.
Saludos,
P.D. Espero que tu persecución de felinos sea para ampararlos y no una cacería nocturna de bruja postmoderna :)