sábado, 8 de noviembre de 2008

Muchacha

Esa mujer no sabe que la pienso. Esa muchacha sin pelo, con la juventud arrancada de un trancazo. Duro, insolente, despiadado. Esa muchacha que estaba ahí sentada, esperando su turno. Sentada junto al resto de mujeres; grandes, ya viejas, ya sin pelo, úteros enfermos. Y ella como otro cuerpo enfermo.
No sé fijaba que yo la miraba, toda yo estaba escondida detrás de esos lentes negros. Y era casi mediodía y las otras mujeres iban pasando y ella esperaba ahí sentada, con el cuerpo enfermo encima, con dos ojos que ya no miraban nada. Sentada ahí, seno joven que de pronto se marchita, que se desprende, que se aleja, que quiere ser ausencia. Y tú ahí, muchacha, con todo ese dolor encima, con la punta de la lágrima que cae al piso pero que no revienta, que sigue siendo lágrima y se desliza por el piso, recorriendo los pasillos, detrás de los zapatos blancos, de las camillas. Haciéndose agua, nada, olvido.
Muchacha, yéndote al escuchar tu turno, con esos pasos lentos, tan poco vitales. Muchacha con la vida pudriéndosete encima como un vestido viejo, que se rompe, que se deshilacha. Yéndote, muchacha, arrastrando contigo los pedazos de belleza que aún te cuelgan. Y yo quedándome sola, con dos senos, con pelo, con un útero en buen estado. Sola, con restos de recuerdos.

Carolina Lozada©

2 comentarios:

Andrómeda dijo...

Wowww, Carolina, me encantó esta historia. Qué bien recreas la idea de la juventud perdida, con un lenguaje tan poético y simbólico.

Me parece que tengo mucho por descubrir en este blog. :)
Saludos.

Carolina Lozada dijo...

Bonitas palabras, Andrómeda. Muchas gracias y bienvenida.