jueves, 6 de noviembre de 2008

Mantequilla untada


Suavemente, como quien teme hacer ruido, la mantequilla se desliza por la hogaza de pan. El olor del café invade la cocina y el viento matutino golpea los ganchos de la ropa tendida y aún mojada. La mano que unta la mantequilla es pequeña y de uñas largas. Los calcetines son oscuros. Las manos que calzan los calcetines son grandes, gruesas, manos de hombre fuerte. El hombre sacude los zapatos y sale a la cocina. El desayuno está servido. La mujer que sirve el desayuno está vestida con bata de baño, tiene el cabello mojado y despeinado. No se dan los buenos días, apenas se percatan de la presencia del otro. El hombre pregunta si ha untado el pan con mantequilla o con margarina. Mantequilla, sabes que odio la margarina, responde la mujer de mala gana. No hubo más palabras, desayunaron en una mesa servida con café, pan, mantequilla y queso. Apenas se oyen los ruidos engullentes. Crocante el pan, aspirado el café.

La radio transmite las noticias de la BBC, un nuevo ataque suicida en Bagdad, un grupo armado libanés secuestra a unos soldados israelitas, Bush hablando de la libertad. Ambos oyen las noticias sin inmutarse. Siguen los ruidos guturales de la alimentación. Crocante el pan, aspirado el café.

El hombre termina su desayuno. En sus bigotes quedan suspendidas migajas de pan. Se levanta, deja el plato en la mesa y sale a trabajar. La mujer se queda tomando el café. Contempla el plato del marido. Ve los bordes de pan tostado, los que él no comió, los que siempre deja en el plato, su manía alimenticia diaria. Un borde de pan sobre otro formando una torre de pan tostado. Maníaco de mierda, dice. Se levanta, agarra el plato y echa las sobras del desayuno en el basurero. Pequeñas cucarachas merodean las sobras del día anterior. La mujer guarda la leche, el queso, y el pan, olvidando la mantequilla que queda solitaria y a la intemperie sobre la mesa.

Ella se seca el cabello, se viste y pinta sus labios. Sale. La casa queda acompañada por las voces de la radio. Continúa la tensión entre Líbano e Israel. De la mujer sólo queda su perfume esparcido por el apartamento.

Un ratón se asoma desde su guarida, mueve sus bigotes e inspecciona el área. Las cucarachas dejan de merodear la basura para subir hasta la mesa. Sus patitas caminan por la amarilla y suave superficie de la mantequilla. El ratón prefiere la despensa en la que hay paquetes de galletas mal cerradas. La BBC anuncia el secuestro de unos reporteros en Irak. Las cucarachas siguen empeñadas en la mantequilla. Un mosquito sobrevuela todo el apartamento con su melodía a cuestas y en el balcón las palomas llegan sin previo aviso.

Mediodía, hora de almuerzo. No hay presencia humana, tampoco a la hora de la merienda. 6:30 perecen cinco soldados norteamericanos en suelo iraquí, anuncia la BBC justo en el momento en que el hombre abre la puerta. El hombre trae margarina. En forma retadora pone el envase sobre la mesa, al lado de la mantequilla que dejaron las cucarachas. El ratón se asoma desde la despensa. En la radio suena ciudad de locos corazones.

El hombre recorre el apartamento y se cerciora de que la mujer no ha llegado. A esa hora ella está pasada de tragos con su amante, flotando sus adúlteras piernas sobre el cuerpo del mancebo dentro de las sábanas de algún hotel. Una hora después llega a casa, no tiene necesidad de dar explicaciones, ellos se entienden en silencio. Se desarregla y va a la cocina. El ratón y las cucarachas se esconden ante la luz delatora. Ella ve el envase de margarina, lee la etiqueta: margarina con sal. Maldice. El hombre está atento a su reacción y se ríe cuando la oye proferir la imprecación. La mujer guarda el envase en la despensa y limpia los restos de mantequilla derramados sobre la mesa. Apaga la luz, el televisor, la radio. No hay cena esa noche, tampoco las buenas noches. Se dan la espalda hasta mañana.

Al otro día ella se levanta, se baña, pone a hervir agua para el café. Él se pone los calcetines, ella unta la mantequilla sobre el pan tostado. Se fija que el pequeño cadáver de una cucaracha quedó atrapado en la suavidad amarilla de la mantequilla. La mujer lo ve y no se inmuta, al contrario, sonríe maliciosamente y desparrama el cuerpo del insecto muerto sobre la lonja de pan que le servirá al marido. Esparce minuciosamente la mezcla sobre el pan hasta dejar sólo una pasta amarilla con diminutos puntos negros.

¿Qué le pusiste a la mantequilla?, ¿qué son estos puntos negros?

Pimienta.

El hombre come y al ver que ella no se lleva un bocado a la boca le pregunta

¿no piensas desayunar?

No. No tengo hambre, sólo tomaré café.

La mujer sonríe al ver cómo el hombre se lleva a la boca el pan tostado con la mantequilla untada. La BBC anuncia la guerra en el Líbano.

Carolina Lozada

Ilustración: Nighthawks, de Edward Hooper

2 comentarios:

Asterión dijo...

Nighthawks at the diner
of Emma's 49er, there's a rendezvous
of strangers around the coffee urn tonight,
all the gypsy hacks, the insomniacs.
Now the paper's been read,
now the waitress said:

"Eggs and sausage and a side of toast
coffee and a roll, hash browns over easy
chile in a bowl with burgers and fries,
now, what kind of pie?"

Tom Waits
"Eggs And Sausage (In A Cadillac With Susan Michelson)"

Y por ahí va Hooper y por ahí va Fito, en esa "puta ciudad de locos corazones".

Carolina Lozada dijo...

Una taza de café, mucho silencio por conversación. Una casa hecha de naturaleza muerta. Unos inquilinos no deseados. Una ciudad sola entre tanta gente.
Gustavo, gracias por el menú