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lunes, 23 de julio de 2012

Saul Bellow: El hombre del sombrero


Las fotografías que más me gustan de Saul Bellow son aquellas en las que aparece sonriente, ataviado con algún sombrero de corte clásico. La suya es una sonrisa grande, un poco dientona, nada tímida, más bien sabedora de que es el centro del rostro. En esas imágenes, el porte de Bellow parece el de un detective sagaz, con un olfato malicioso, capaz de armar las piezas de un crimen en una película del cine negro de los años cuarenta. Su sonrisa tiene un dejo que la echa a un lado, hacia su extremo derecho, como si le estuviera señalando al dueño del rostro, en silencio, que allá donde le indica ocurre algo. El sombrero también está ladeado hacia el costado contrario al corazón, como si sonrisa y sombrero se pusieran de acuerdo en una discreta complicidad. Ese gesto y el porte me sirven para ponérselos al hombre que camina con las manos en los bolsillos, en dirección hacia un extrañado Asa Leventhal―inquilino de la ciudad de New York, paseante nocturno y solitario que mira el brillo apagado del río Hudson―, que de pronto ve venir hacia él a un sujeto con actitud desafiante, sin lograr entender por qué sus pasos buscan su cercanía hasta tenerlo cara a cara y notar que los ojos de quien se acerca están llenos de verde plomizo. 

jueves, 31 de mayo de 2012

Los dados del diablo


| ENTREVISTA CAROLINA LOZADA, ESCRITORA

"El escritor es un gran mentiroso"


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La narradora venezolana ganó, en 2011, el Premio de Literatura Stefanía Mosca (mención Crónica) por "La vida de los mismos" CORTESÍA
DANIEL FERMÍN , CAROLINA LOZADA , ESCRITORA |  EL UNIVERSAL
sábado 26 de mayo de 2012  12:00 AM
A Carolina Lozada (Valera, 1974) le aburre la autoficción. La escritora venezolana, ganadora del Premio de Literatura Stefanía Mosca en 2011, retrata parte de su vida a través de historias ajenas, que reunió en La vida de los mismos, un libro de crónicas que fue presentado en la pasada Feria Internacional del Libro de Venezuela.

Recuerdos, realidad, ficción. Todo está ahí, en una obra que mezcla reseñas de lecturas que la han marcado con testimonios biográficos. "Lo bueno de las crónicas es que es un territorio maleable. Puedes jugar con la ficción y la realidad. No necesariamente lo que está en La vida de los mismos es mi vida. Es sólo parte, más el añadido de mi mirada como escritora. No es mentira aquello de que el escritor es un gran mentiroso. En las crónicas hay mucho cuento, no nos olvidemos de eso", dijo la autora, que tiene cinco libros publicados.

Así, la trujillana -egresada de la Escuela de Letras de la Universidad de Los Andes (Mérida)- recuerda a Victoria de Stefano, Virginia Woolf, Juan Carlos Onetti, Lydda Franco Farías. Como para darle las gracias por sus escritos. "No me gusta la idea de seguir maestros, pero considero que hay afectos literarios. Hay autores que te dieron un zarpazo en algún momento de tu vida. Cuando escribo sobre Onetti, por ejemplo, lo hago porque es un autor por cuya obra siento gran admiración", agregó la autora de Los cuentos de Natalia.

La muerte, el amor, la ciudad, lo femenino. Argumentos eternos retratados desde la intimidad. De eso va la obra de Lozada, que es una especie de viaje interior. "La literatura debe ser un ejercicio interior que viaje a lo exterior. A la literatura, lo viejo y lo nuevo le competen. También el adentro y el afuera. La literatura debe estar al lado del diablo, a quien le competen todos los mundos", explicó la narradora, que administra, junto con Luis Moreno, el blog literario 500 ejemplares.

La vida de los otros 

La vida de los mismos es también, en parte, un homenaje a la propia escritura. La autora, en uno de sus textos, parafrasea a Onetti: "Escribí, idiota, que el tiempo pasa". Ella le hizo caso. "El mayor enemigo de un narrador es la flojera. Si tienes algo que contar, el tiempo, si no existe, se inventa. Ningún escritor verdadero se ha detenido por falta de tiempo. Alguien que diga que no escribe porque no tiene tiempo es un gran farsante. (William) Faulkner escribía mientras trabajaba en la administración de un prostíbulo, dicen. (Franz) Kafka escribía a pesar del horrible trabajo que tenía", dijo la también finalista del V Premio de Cuento de la Policlínica Metropolitana en 2011.

Lozada es de esos que escribe a pesar de la certeza del fracaso. Ella quiere contar historias. "Hay escritores exitosos, hay quienes desesperan por ser famosos, y hay quienes escriben a pesar de la incertidumbre. Me anoto en esa última lista. Hablo del fracaso porque la incertidumbre es su prima hermana. El fracaso es una posibilidad, aunque hay quienes hacen del accidente o de la derrota un logro. En todo caso, el motor de un escritor debe ser el deseo de contar algo".

Y Lozada cuenta historias. Hace literatura que traspasa los géneros. Vive varias vidas a través de ellas. Ya lo dijo el propio Onetti: "La vida es uno mismo, y uno mismo son los otros". Por eso el título, que se lo sugirió Moreno. "La literatura sirve para los simulacros. La literatura es una gran casa de empeños, en la que uno puede ir a dejar o buscar prestado. Para mí sería muy aburrido hacer ficción realista y cotidiana de mi vida. Por eso me gusta espiar a los demás, como quien se asoma detrás de la mirilla de una persiana y ve el mundo andar", concluyó Lozada. Así, toma prestadas otras vidas. 

dfermin@eluniversal.com

sábado, 28 de abril de 2012

Los cuentos de Las Malas Juntas

En vísperas de aniversario, Las Malas Juntas se viene con cuentos. Pablo Giordano, Gabriel Payares, Juan Marcos Almada y Miguel Hidalgo Prince nos echan los cuentos. Vayan, lean.
Pino Deodato

martes, 6 de diciembre de 2011

Razones de Luis, de por qué Luis



Filosofía perenne

¿qué sujeto eres, cómo sabes cuando eres el sujeto, que eres, qué sujeto te sientes, donde allí te sujetas, desde cuándo, si te agarras, sujeto, a tu historia

Y cómo la pronuncias, pones la boca cerca, la parte alta más pegada a la base, el labio con el labio, tan juntos que apenas se escucha

La historia del sujeto, que cae

Y cómo cae, cómo el sujeto cae, desde un avión, si cae desde un avión, en la llegada, como rodando cae, si cae, como un talud se cae, con maletas se baja, como cayendo de un avión, con prisa

El sujeto cayendo para contar su historia

Y en qué exacto lugar del destino se golpea, o en qué lugar del cráneo, o de la espalda, en el destino, siquiera momentáneo, donde no se es oriundo

And this shit es qué mierda en qué parte de esa historia qué cuentas, of what disaster is this shit the imminence,

en esto la inmanencia qué rol juega, cuál es el papel de la ñoña, la jeta, la confianza, en la historia que cuentas

con la letras minúsculas

de lo pequeño tuyo, sujeto qué sujeto

sujeto dónde sujeto cuál sujeto

el tema el objetivo la cascada

el inicio el lomo cruzado de heridas wounds en esa lengua

donde caes dónde caes?

Luis Moreno Villamediana

sábado, 5 de noviembre de 2011

Una de la secta de los media lengua

En principio iba a ser una entrevista para un documental sobre "mujeres creadoras". Me tocaba grabarme diariamente y hablar sobre lo que hago. Por contratiempos y otras cosas, el documental no se terminó de llevar a cabo y en estos días me topé con los videos; así que decidí colgar uno de ellos. Como se darán cuenta, pertenezco a la secta de "los media lengua"; me trago las erres en algunas combinaciones. En la escuela se burlaban de mí y me pedían que dijera: "tres trenes traen cigarros" y otros tipos de combinaciones trabalenguas. En consecuencia, un día quemé la escuela, con todos adentro. No, mentira, pero sí los maldecía y maquinaba mis venganzas con un prematuro humor negro. Es que yo crecí con la ponzoña en el ojo.
Cortázar también pertenecía a la secta, pero él se hacía el francés y simulaba unas erres francesas.
El video está cortado porque en esa oportunidad se agotaron las baterías. Comprobarán que no termino de formular lo que iba a declarar y mi rostro queda arrugado, como si estuviera arrecha. ¡Zas!

domingo, 31 de julio de 2011

La vida de los mismos

Hay escritores que la incitan a una a meterse en algunos caminos, a arrimarse a ciertos precipicios, a mirar pa´dentro. Pienso en el oscuro e intimista Lobo Antunes, en el afanoso Roberto Arlt, en el entrañable Tomás Eloy Martínez, en la sutil Marina Tsvietáieva, en la sagaz Elisa Lerner; pienso en tantos queridos escritores. Gracias a estos nombres, me he asomado a la crónica, he dado algunos torpes pasos, las escribo como si fuesen páginas de un diario. Un diario que un día se convirtió en un libro y cuyo título me regaló Luis Moreno Villamediana: La vida de los mismos, el libro que la semana pasada se ganó el premio Stefania Mosca, en su segunda edición, mención Crónica. Hoy recibí el suplemento cultural de Ciudad Caracas, donde aparece una muestra, me sentí rara, el diario abrió sus páginas al público.


viernes, 22 de julio de 2011

El Equanil va por dentro

Renato:

A tu edad, la muerte no es un presentimiento sino una certeza, así que no fue una sorpresa el anuncio de tu partida el día después del solsticio de verano en esos países donde los hay, porque tú bien sabes que en el nuestro no sabemos de estaciones. Aquí llueve y escampa, nomás. El 22 de junio ocurrió: te fuiste, aunque tu retiro público ya había sido emprendido hacía tiempo. Hace años te retiraste a un lugar alejado, apartado del ruido de las autopistas. Nada idílico acompañaba tu aislamiento, sólo la enfermedad, la vejez, ese pesado equipaje de los mortales. Tal vez pensaste que a la muerte es mejor esperarla en silencio y preferiblemente a solas; quién sabe qué pensaste, siempre fuiste algo excéntrico... El resto de la despedida la pueden leer en el sexto de Las Malas Juntas

lunes, 30 de mayo de 2011

Entre paisanos te veas


Hace unos meses escribí una historia que implicaba a José Gregorio Hernández (un médico que se convirtió en el santo más popular de Venezuela) y Rafael Rangel (un científico, paisano del santo, que se suicidó con cianuro), entre otros personajes. Ambos fueron contemporáneos y, al parecer, coincidieron alguna vez en París. Sobre la relación entre estos dos hombres existen varias leyendas; la más corrosiva cuenta que Hernández menospreciaba a Rangel, a quien alguna vez tildó de loco y sobre quien hizo alusiones racistas (eso dicen). Con el tiempo, José Gregorio Hernández se convirtió en el santo médico de los pobres y Rafael Rangel, simplemente, pasó al retiro del olvido. Con estos personajes de trasfondo escribí "Los muchachos Karamazov", un cuento con el que obtuve el 3er lugar en el Concurso de Cuento de la Policlínica Metropolitana de Caracas y que el 29 de mayo de 2011 fue publicado en el portal Prodavinci. Lo curioso es que la semana pasada fue decapitada una escultura de José Gregorio Hernández en una población venezolana, lo que ocasionó el levantamiento del grito al cielo de la sociedad católica y la sociedad en general.
A veces la literatura sirve de oráculo. ¡Zas!

Ilustración: Efraín Ugueto

viernes, 13 de mayo de 2011

Todo por culpa de Lucifera


Todo comenzó con Lucifera, la adicción de Víctor Azuaje cuando era niño; así lo confesó en Humor Vagabundo, el blog de Luis Moreno Villamediana, los días previos a la navidad de 2008. Mientras yo veía el cuerpo groseramente deseable de Lucifera, pensaba: ¿cuántos niños podría abrigar en navidad? Al rato apareció Gustavo Valle para hablarnos de su profesora de la infancia: Clemencia Clemente, de la cual se enamoró perdidamente. Mis labios leían su nombre en voz alta y pensaba que era un trabalenguas inventado por el Cuatrero, un buen ejercicio fonético que yo debería hacer para superar mi media lengua. Pero no, ya estoy grande y los loros viejos no comen casquillo.
Ese día se hablaba de gustos infantiles, y Gustavo Solórzano-Alfaro saltó con un clásico al afirmar, no sin cierto pudor, que su héroe favorito siempre ha sido Superman. Para que no se sintiera tan solo, Luis Moreno Villamediana lo acompañó en su gusto por el tipo de la ropa interior roja. A mí se me ocurrió decir que me gustaba el personaje del Cuervo, interpretado por Brando Lee, nadie me dio bola, igual una se acostumbra.
En fin, así empezó este desorden, como una joda y espero que así continúe. Hoy viernes 13 nos metimos en una página, no sabemos cuánto tiempo va a durar. Aquí la tienen, por si la desean visitar: http://lasmalasjuntas.com/

viernes, 4 de marzo de 2011

En Maracaibo también hay fantasmas

Crecí en una colonia de Maracaibo; así que con esa ciudad tengo una relación de amor-odio. No es mentira que los maracuchos (marabinos para los snobs y los más cultos) son ingeniosos, no es mentira que tienen buen humor, no es mentira que son extrovertidos, generosos y escandalosos (osos-osos). Hace años que no visito La Puerta, el pueblito andino preferido por mis antiguos vecinos. Una de las últimas veces que lo visité leí en una pared, a la entrada del pueblo, una inscripción que decía: "Bienvenidos al Estado Zulia", algo de cierto hay en esa inscripción, La Puerta es un pueblo tomado.

Ahora habito una casa junto a un "nativo pero a regañadientes" (en las palabras traducidas de Hans Magnus Enzensberger) de Maracaibo; así son las cosas del amor y de su hermano el odio.

Escribí una nota para MatadorNetwork (http://matadornetwork.com/es/maracaibo-en-blanco-y-negro/) sobre Maracaibo y algunos de sus fantasmas, los invito a cruzar el puente, queridos.

P.D. Pronto me mudo de Blogger, esta vaina está cada día peor: abre cuando quiere, no permite subir imágenes, no me dejó poner el enlace dentro de una palabra. En fin, qué pereza.

miércoles, 2 de febrero de 2011

El Matador y la columna torcida


I
Mi traumatólogo determinó -al ver los rayos x de mi columna- que "tengo la columna más torcida que el país". Yo también la vi, parecía una S. Tal dolencia mantiene restringida mi dosis de hikikomori diaria.
II
Olivia Martina y Matías cumplieron un año de vida el domingo pasado. Hubo torta, obvio.
III
Gracias a David Miller, uno de los editores de la revista Matador (matadornetwork.com) ahora colaboro en su revista, y aquí les dejo el enlace de mi primer artículo.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Moras, cosecha 2011


Mis queridos, nos sale subir la cuesta; aunque desde arriba tiren piedras. Nos vemos en 2011; es decir, la otra semana. A los de este lado del tejado nos toca lidiar con las moras de la amargura. Habrá que fajarse.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Reventados, jodidos. También humillados


Los fantasmas existen, algunos usan botas y hacen venias militares. ¿Llegó la hora de la escritura en paréntesis? Santos polacos, ayúdenos.

lunes, 16 de agosto de 2010

Gajes del oficio o andar en cueros


Hay un especial de la serie animada “Padre de familia” o “Family Guy”, como la prefieran llamar, en donde uno de los realizadores de la serie entrevista a varios televidentes que confiesan su rechazo al programa. Los entrevistados exponen las razones por las cuales no les gusta la serie; lo hacen frente a un hombre con una sonrisa que casi se le cae de la cara, y que los instiga para que sigan hablando todo lo mal que quieran de la serie. Comento este punto porque hace unos días el portal venezolano Prodavinci publicó mi texto “Yo soy feliz, pregúnteme cómo”, y las reacciones frente al mismo han sido: algunas airadas; otras de rechazo, de un rotundo “no me gusta y punto”; y otras más de lectores que manejan las nociones de sarcasmo, morbo, ironía y ficción. Un señor dejó un comentario en el que decía que, con todo respeto y con toda buena fe, le parecía antipática e intolerante la autora del texto. Al leer el comentario no pude evitar poner la cara del hombre de “Padre de familia”.

Un escritor es un sujeto que se expone, hasta podría decirse que el escritor tiene sus dosis de exhibicionismo impúdico. Nuestros cueros son las páginas que escribimos y mostramos. Algunas de esas pieles o tatuajes gustan; otros no; es la ley irreversible del “me gusta”, “no me gusta”.

Recuerdo cómo se me ocurrió la nota “Yo soy feliz, pregúnteme cómo”. Iba caminando por una calle poco transitada y vi venir a una muchacha con una blusa de mangas largas y rayas horizontales. Ella venía en sentido contrario y la calle le quedaba cuesta arriba. Se notaba cansada, tal vez sudaba un poco. Al tenerla muy cerca noté que era fea, que llevaba consigo una sonrisa un poco idiota y una chapa sobre la blusa. La chapa decía que ella había adelgazado, que le preguntaran cómo… Sí, está bien, yo estoy jodida de la cabeza, tengo cizaña en los ojos, descompongo y adultero la realidad que se me atraviesa. Sí, está bien, soy un ser antipático. El hecho es que no pude dejar de pensar y decir para mis adentros, después de examinarla rápidamente: “no, mija, tú nunca has adelgazado, tú siempre has tenido ese pobre cuerpo seco y sin curvas”. ¿Ven cómo el señor comentarista tiene razón? En lo que no tiene razón es en el asunto del sentido literal del texto. Si algo me gusta combatir es el sentido literal del mundo. Ojalá tuviera yo la riqueza y potencia de un Faulkner o de un Onetti para inventar otras ciudades, otras islas, las mías propias, para poder sacar un personaje de otro personaje, y de otro, y de otro, y de otro, como si se tratase de una muñeca rusa. Pero tengo que adecuarme a mis limitaciones.

En mi mundo literal escucho a un milico que habla y expele ácido cuando habla y se vomita hablando y se caga encima mientras habla y duerme hablando y aturde el sueño de todos los que intentamos dormir. En mi mundo literal hay un cementerio que veo desde una de las ventanas del apartamento. Es un cementerio plano donde puedo percibir parte de los rituales fúnebres. Y aunque el camposanto queda lejos, tengo buena vista y puedo distinguir el movimiento de los dolientes caminando. Los veo como sombras oscuras, borrosas. Esa visión constante de muertes ajenas me hace pensar en la mía propia y en la de los míos. En mi mundo literal hubiera escrito que la muchacha fea que pasó esa mañana por mi lado llevaba una chapa que decía “Yo adelgacé, pregúnteme cómo”, pero no: me caen mal los mundos literales; prefiero reconstruirlos, reinventarlos o, simplemente, inventarlos. Así que esa mañana seguí caminando, y pensaba y maquinaba qué hacer con ese personaje que se me atravesó, y decidí cambiarle la chapa, y la imaginé intentando venderme la felicidad. Ella, con su cara de cuarentena sexual, con su soledad obligada, con su cuerpo plano, asexuado. Ella, una muchacha que seguramente se masturba y llora porque el hombre o la mujer que desea no le da bola. Entonces me senté en un parque cercano, en el mismo parque donde una tarde oscura y fría me hice creer que había visto a la Cosette de Los Miserables caminando bajo unos sauces llorones. Esa tarde de la visión inventada, echada en la grama, me convencí de que también podría apostar a ser escritora, porque si imaginaba ver caminando por ahí personajes literarios debía hacerme escritora, porque la otra opción era hacerme loca, y esta última posibilidad no me apetecía mucho. Entonces preferí creer que quienes inventan personajes e historias, que muy bien pueden ser locos, también pueden ser escritores. Insisto, en ese mismo parque, que tiene nombre de héroe patrio, pero cuya literalidad no me interesa destacar, me senté para tomar notas y para obligarme a escribir después algo con esa mujer. Y dentro de las notas escribí “Yo soy feliz, pregúnteme cómo”, y continúe caminando y llevaba conmigo el cosquilleo que me suele dar cuando tengo una historia entre las manos. Más que un cosquilleo es una sensación de aceleramiento, de un extraño vértigo que me gusta. Ese vértigo, ese aceleramiento, me permiten nombrar la realidad desde la invención. Y eso me hace feliz o infeliz de a ratos, sólo de a ratos, porque no creo en la felicidad constante, tampoco en el drama omnipresente.

domingo, 1 de agosto de 2010

Postales de Varsovia

Estuve unos días fuera de la ciudad, sin conexión a internet ni algunos otros artefactos citadinos. Al regresar a casa me encontré con una grata sorpresa: un sobre blanco remitido desde Varsovia. A pesar de que mis manos estaban ocupadas con un montón de cosas pude coger el sobre y llevarlo conmigo –no lo puedo negar: estaba emocionada–. Hace unos meses se presentó Maja Zawierzenic en mi correo; se presentó como una estudiosa de la nueva literatura latinoamericana. Maja estudió Letras en la Universidad de Varsovia y lleva adelante varios proyectos de investigación y traducción. En su primer acercamiento me solicitó uno de mis cuentos para traducirlo a su lengua. No les voy a mentir ni a fingir modestia, la probable traducción al polaco me alegró mucho, así que cuando recibí el sobre de manos del señor Venancio (el portero del edificio), quien amablemente lo guardó mientras yo regresaba, sabía lo que venía desde tan lejos.

Quiero hacer público los agradecimientos y cariños a Maja (con quien he emprendido nuevos proyectos que involucran a escritoras polacas) y a la revista Bluszcz por la traducción y publicación de mi cuento “La cloaca”. Y también quiero compartir con los visitantes de estos tejados parte del cuento en la lengua de Gombrowicz. Gracias a la traducción me enteré de que la palabra “gatos” en polaco se escribe koty ;)

Carolina Lozada






miércoles, 3 de marzo de 2010

Julita en la ventana


Uno se acuesta y no sabe con qué tipo de noticias puede despertar. Para quienes vivimos en Venezuela, es habitual despertar con alguna nueva locura del emperador llanero; locuras que cada día nos avergüenzan más y nos hacen seres habitantes de un universo kafkiano, Made In Tropical. Otras veces, como el sábado pasado, despertamos con temblores lejanos. Cuando me enteré del sismo chileno, las imágenes de Santiago se me vinieron encima; viví un tiempo en esa ciudad. Chile me dio los trenes que nunca tuve en la infancia, me mostró las azoteas de Valparaíso y me regaló una gata cariñosa y callejera, que me siguió los pasos en una tarde, con el polen de la primavera. A la gata le puse Julita; con ella viví un temblor y algunas nostalgias. El sábado pensé en ella, y también en un hombre de origen ruso, a quien, él sabe, quise mucho.

Ayer supe de ellos: están vivos, habitantes de una ciudad de escombros. Me cuentan que Julita sigue asomada en la ventana, como siempre le ha gustado hacerlo. Desde la ventana, la gata observa la ciudad arruinada, estremecida.

Hoy desperté con otra noticia, mucho más lejana. Me escribió Maja, una mujer polaca, para darme la buena nueva de que uno de mis cuentos será traducido a la lengua de Varsovia. Me alegré mucho, Polonia siempre ha sido uno de mis imaginarios literarios favoritos.

Ahora, no sé por qué les cuento esto. En principio pensaba escribirles para darles la noticia de mi cuento polaco. No sé, tal vez les conté lo de arriba porque afuera llueve, porque Julita sigue asomada a la ventana y porque espero que vea cómo las casas vuelven a levantarse y cómo los trenes vuelven al sur desde la legendaria Estación Central.

Ilustración: "Tren al sur", Tomás Ives


viernes, 1 de enero de 2010

Theta en New York


Bajo el invierno neoyorkino se imprimió la revista Bomb, número 110. Número dedicado a la literatura colombiana y venezolana. En ella aparece mi cuento “Theta”, traducido a la lengua de Saul Bellow. Cuento que comienza así: “Me gustan sus tetas, sus manos, sus ojos negros y pequeños, pero por sobre todas las cosas me gustan sus tetas”. Si quieren continuar leyéndolo compren la revista ;). Y feliz año nuevo.

Ilustración: Iris Brosch, “La Femme, # 4”

sábado, 3 de octubre de 2009

Poemas mata gusanos



Las moscas de Luis posan sus patitas sobre papeles nacionales. Tengan cuidado, señores lectores, estas moscas son radioactivas. Ay, pobre de aquellos ilusos que no creen en su poder. Como diría mi amigo Jairo Rojas: Esto es puro rock and roll.




martes, 29 de septiembre de 2009

sábado, 5 de septiembre de 2009

Las calles de Magda Szabo

Me enteré de la existencia de Magda Szabo gracias al escritor mexicano Agustín Cadena, quien puso en su blog una nota a raíz de la muerte de la escritora húngara. Desde la publicación de esa nota quise leer algo suyo. Según tengo entendido cuatro de sus títulos han sido traducidos al castellano (Resentimiento, Calle Katalin, La puerta, y La balada de Iza). La traducción de Calle Katalin estuvo a cargo de Judit Gerendas, venezolana de origen húngaro, descendiente del poeta József Kiss, y fue publicado en Caracas bajo el sello Monte Ávila Editores, en 1972. Estos libros son difíciles de encontrar, sin embargo corrí con la suerte de tener un buen amigo que husmea toda librería de saldos que encuentra a su paso. Y ahí estaba, en un mesón abarrotado de libros viejos: Calle Katalin. Mi amigo, a quien le había hablado de Magda Szabo con deseo enfermizo de leerla, emitió un ¡Eureka!, tragando un poco de polvo amarillo al hacerlo.

Fue amor a primera leída. Szabo sabe narrar, juega con estructuras complejas, se aleja de lo literal frente al referente, y asoma pistas para armar lo que sucede en el contexto socio-histórico en el que construye su historia. Iren y Bálint, par de personajes centrales de la novela, tienen una fuerte armadura psicológica. Son personajes muy pensados y bien definidos. Sobre ellos se siente Hungría y las guerras, sus revoluciones y dictaduras; todas padecidas en buena parte del siglo XX. La calle Katalin es el escenario íntimo de cada uno de los personajes, en esa calle todos ellos vivieron su propia versión de los sucesos que ocurrían en un afuera de detenciones, de largas filas de cupones por alimento y de sonidos de balas nocturnas:

Y cuando olvidando que tenía que moverse siempre por detrás del seto se lanzó descabelladamente hacia el jardín, para alcanzar la cerca de los Bíro, a través de la cual había llegado hasta aquí, ya sabía que se había equivocado, porque no había muerto ni la primera, ni la segunda, ni la tercera vez, sabía que vivía y que quería vivir. Para cuando lo comprendió, estaba muerta. Bajo la luz de la luna le había disparado dos veces, con vacilación de novato y con mala puntería; sin embargo ya la primera bala la había alcanzado (p. 99).

Frente a esta oscuridad Magda Szabo tuvo que escribir en silencio, debió hacerlo con prudencia. Sabía que escribía con ojos espiando su escritorio. Fue vetada varias veces, el gobierno de su país le prohibió publicar durante algunos años. En 1949 obtuvo el premio Baumgarten, y le fue arrebatado el mismo día que lo recibió. Cosas que hacen los gobiernos totalitarios, y que con el correr del transcurso histórico quedan como condecoraciones al ridículo. Pero, afortunadamente, el absurdo puede ser revertido, y el tiempo no transcurre en vano: Hungría salió de su oscuridad militar, y Szabo brilla entre los talentos literarios de ese país.

Lamentablemente la conocí muerta, pero creo que ella, al igual que su Henriett, anda por ahí, viendo cómo el mundo sigue a veces cambiando, y a veces volviendo atrás.

Posdata personal para Agustín: en nombre de los limitados lectores que sólo leemos en la lengua de Cervantes, aprovecha que estás en Hungría y, por favor, traduce al menos una de sus novelas.