martes, 16 de septiembre de 2008

La moneda



Una moneda se cae de la mano de una viejita que va a comprar flores para su difunto marido. Ella intenta atraparla, pero la moneda se escabulle de sus manos y pasa frente a las narices de un perro que está sentando junto a su adormecido dueño. El perro la persigue, pero la moneda se deja arrastrar por la corriente de agua en la orilla de la calle. El perro se devuelve, su dueño sigue dormido. La moneda recorre las calles sin detenerse ante las luces de los semáforos. Cuando va perdiendo velocidad es pateada por los descuidados pies de un borracho. Un niño que compra helado la ve pasar y al intentar agarrarla se le cae el helado. El niño llora. La moneda continúa su recorrido, llega a la entrada del cementerio. Un hombre la recoge y al ver que es de baja cuantía la vuelve a tirar. La moneda rueda hasta los pies de una tumba decrépita. Un niño vendedor de flores que va pasando frente a la sepultura recoge la moneda, sonríe, mira la tumba y le pone una flor. Una viejita que viene a visitar a su marido ve el gesto del niño y le sonríe agradecida.


Carolina Lozada. Memorias de azotea

4 comentarios:

Asterión dijo...

Defintivamente tenés un gusto especial por esas pequeñas coincidencias y sus detalles. Realmente nunca sabemos qué efecto puede tener (si alguno tiene) una acción nuestra sobre el devenir del universo.

Saludos.

Luis Moreno Villamediana dijo...

Carolina:

Tu cuento me parece una versión renovada, urbana, detallada, del Zahir de Borges. Allí se ve la atención que le prestas al destino (orgánico, emocional) de los objetos.

Un abrazo.

Carolina Lozada dijo...

Señor Asterión:
Los objetos se mueven en su quietud. Y a veces, hasta hablan.
Saludos desde esta coincidencia,
Carolina

Carolina Lozada dijo...

Villamediana:
Usted y ese apellido tan rimbombante, usted y esa sutil ironía. Usted tan orgánico y emocional.
Usted,
Carolina