viernes, 12 de octubre de 2012

La República

Porque en medio de tanta ridícula solemnidad, cerca de tanto disparate, la carcajada es necesaria. Escribí La República para no ahogarme, para lograr drenar tanto bullicio allá afuera, tanto sinsentido. El cuento completo está en Las Malas Juntas. 





La República
Turén es un pueblo tan tranquilo que si le declararan la guerra se rendiría inmediatamente, y de este modo se ahorraría el engorroso proceso heroico de tener que defender y salvar la patria. Acaso la noción de patria a los turenenses no los remita más allá del aviso de entrada al poblado, al que le falta una letra y que se lee así: “Bienvenidos a urén. Temperatura promedio: 19º. Población: Casi cien mil”. A lo sumo, la patria para estos ciudadanos puede ser la mujer con quien duermen, los hijos, la mascota, un día feriado para irse a pescar. Los habitantes de Turén tienen poco de qué jactarse, salvo de aquella muchacha cuyo mayor logro fue ser la modelo de un programa de concursos en el extranjero, donde ella era la encargada de hacer girar la ruleta de la fortuna, vestida con una falda tan corta que las madres más mojigatas no permitían que sus hijos vieran la transmisión. El resto sí la veía, orgulloso de su paisana, domingo a domingo, hasta el día en que el programa fue cancelado por baja audiencia. Antes de la cancelación, Tatiana ―la modelo— había estado de visita en Turén, y fue recibida con honores por la banda municipal, y el alcalde, luego de pronunciar un discurso magnánimo que hizo llorar de emoción a más de uno, le entregó las llaves de la ciudad. Todo Turén se echó a las calles a recibirla. Tatiana paseaba en un antiguo descapotable, saludando a los presentes con besos y sonrisas. El que estuvo muy cerca de ella pudo comprobar que su abrigo no era de piel auténtica y que su aliento no era el de una reina. Turén era una fiesta, y fue ésa la última gran celebración colectiva antes de que llegara a la ciudad el proceso de reacomodo y redención social y patriota conocido como la República.

lunes, 13 de agosto de 2012

Cuatro ebrios o varios gatos en un mismo saco


Otto Dix

"Desde muchos años atrás yo había sabido que era necesario meter en la misma bolsa  a los católicos, los freudianos, los marxistas y los patriotas. Quiero decir: a cualquiera que tuviese fe, no importa en qué cosa; a cualquiera que opine, sepa o actúe repitiendo  pensamientos aprendidos o heredados. Un hombre con fe es más peligroso que una bestia con hambre. La fe los obliga a la acción, a la injusticia, al mal; es bueno escucharlos asintiendo, medir en silencio cauteloso y cortés la intensidad de sus lepras y darles siempre la razón. Y la fe puede ser puesta y atizada en lo más desdeñable y subjetivo. En la turnante mujer amada, en un perro, en un equipo de fútbol, en un número de ruleta, en la vocación de toda una vida". 

Juan Carlos Onetti, en Dejemos hablar al viento (Madrid: Espasa, 1999, pág., 16)

lunes, 23 de julio de 2012

Saul Bellow: El hombre del sombrero


Las fotografías que más me gustan de Saul Bellow son aquellas en las que aparece sonriente, ataviado con algún sombrero de corte clásico. La suya es una sonrisa grande, un poco dientona, nada tímida, más bien sabedora de que es el centro del rostro. En esas imágenes, el porte de Bellow parece el de un detective sagaz, con un olfato malicioso, capaz de armar las piezas de un crimen en una película del cine negro de los años cuarenta. Su sonrisa tiene un dejo que la echa a un lado, hacia su extremo derecho, como si le estuviera señalando al dueño del rostro, en silencio, que allá donde le indica ocurre algo. El sombrero también está ladeado hacia el costado contrario al corazón, como si sonrisa y sombrero se pusieran de acuerdo en una discreta complicidad. Ese gesto y el porte me sirven para ponérselos al hombre que camina con las manos en los bolsillos, en dirección hacia un extrañado Asa Leventhal―inquilino de la ciudad de New York, paseante nocturno y solitario que mira el brillo apagado del río Hudson―, que de pronto ve venir hacia él a un sujeto con actitud desafiante, sin lograr entender por qué sus pasos buscan su cercanía hasta tenerlo cara a cara y notar que los ojos de quien se acerca están llenos de verde plomizo. 

martes, 17 de julio de 2012

Gato y sombrero



Lady in Yellow Walking Her Cat

Harto de ser un lugar común, el gato bajó de los tejados y se subió sobre la cabeza de su dueña. Y así, gato y cabeza pasean por las calles cual mujer con sombrero.

jueves, 31 de mayo de 2012

Los dados del diablo


| ENTREVISTA CAROLINA LOZADA, ESCRITORA

"El escritor es un gran mentiroso"


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La narradora venezolana ganó, en 2011, el Premio de Literatura Stefanía Mosca (mención Crónica) por "La vida de los mismos" CORTESÍA
DANIEL FERMÍN , CAROLINA LOZADA , ESCRITORA |  EL UNIVERSAL
sábado 26 de mayo de 2012  12:00 AM
A Carolina Lozada (Valera, 1974) le aburre la autoficción. La escritora venezolana, ganadora del Premio de Literatura Stefanía Mosca en 2011, retrata parte de su vida a través de historias ajenas, que reunió en La vida de los mismos, un libro de crónicas que fue presentado en la pasada Feria Internacional del Libro de Venezuela.

Recuerdos, realidad, ficción. Todo está ahí, en una obra que mezcla reseñas de lecturas que la han marcado con testimonios biográficos. "Lo bueno de las crónicas es que es un territorio maleable. Puedes jugar con la ficción y la realidad. No necesariamente lo que está en La vida de los mismos es mi vida. Es sólo parte, más el añadido de mi mirada como escritora. No es mentira aquello de que el escritor es un gran mentiroso. En las crónicas hay mucho cuento, no nos olvidemos de eso", dijo la autora, que tiene cinco libros publicados.

Así, la trujillana -egresada de la Escuela de Letras de la Universidad de Los Andes (Mérida)- recuerda a Victoria de Stefano, Virginia Woolf, Juan Carlos Onetti, Lydda Franco Farías. Como para darle las gracias por sus escritos. "No me gusta la idea de seguir maestros, pero considero que hay afectos literarios. Hay autores que te dieron un zarpazo en algún momento de tu vida. Cuando escribo sobre Onetti, por ejemplo, lo hago porque es un autor por cuya obra siento gran admiración", agregó la autora de Los cuentos de Natalia.

La muerte, el amor, la ciudad, lo femenino. Argumentos eternos retratados desde la intimidad. De eso va la obra de Lozada, que es una especie de viaje interior. "La literatura debe ser un ejercicio interior que viaje a lo exterior. A la literatura, lo viejo y lo nuevo le competen. También el adentro y el afuera. La literatura debe estar al lado del diablo, a quien le competen todos los mundos", explicó la narradora, que administra, junto con Luis Moreno, el blog literario 500 ejemplares.

La vida de los otros 

La vida de los mismos es también, en parte, un homenaje a la propia escritura. La autora, en uno de sus textos, parafrasea a Onetti: "Escribí, idiota, que el tiempo pasa". Ella le hizo caso. "El mayor enemigo de un narrador es la flojera. Si tienes algo que contar, el tiempo, si no existe, se inventa. Ningún escritor verdadero se ha detenido por falta de tiempo. Alguien que diga que no escribe porque no tiene tiempo es un gran farsante. (William) Faulkner escribía mientras trabajaba en la administración de un prostíbulo, dicen. (Franz) Kafka escribía a pesar del horrible trabajo que tenía", dijo la también finalista del V Premio de Cuento de la Policlínica Metropolitana en 2011.

Lozada es de esos que escribe a pesar de la certeza del fracaso. Ella quiere contar historias. "Hay escritores exitosos, hay quienes desesperan por ser famosos, y hay quienes escriben a pesar de la incertidumbre. Me anoto en esa última lista. Hablo del fracaso porque la incertidumbre es su prima hermana. El fracaso es una posibilidad, aunque hay quienes hacen del accidente o de la derrota un logro. En todo caso, el motor de un escritor debe ser el deseo de contar algo".

Y Lozada cuenta historias. Hace literatura que traspasa los géneros. Vive varias vidas a través de ellas. Ya lo dijo el propio Onetti: "La vida es uno mismo, y uno mismo son los otros". Por eso el título, que se lo sugirió Moreno. "La literatura sirve para los simulacros. La literatura es una gran casa de empeños, en la que uno puede ir a dejar o buscar prestado. Para mí sería muy aburrido hacer ficción realista y cotidiana de mi vida. Por eso me gusta espiar a los demás, como quien se asoma detrás de la mirilla de una persiana y ve el mundo andar", concluyó Lozada. Así, toma prestadas otras vidas. 

dfermin@eluniversal.com

viernes, 11 de mayo de 2012

Paja cósmica en Las Malas Juntas


Jake & Dinos Chapman

Sólo cuando Víctor comenzó a masturbarse pudo saber a qué olían las manos del sacerdote que de niño le ponía la hostia consagrada en la punta de la lengua, en ese ritual litúrgico al que su abuela lo obligaba a asistir domingo a domingo con el compromiso de que luego lo llevaría a una función de cine. El aroma dulzón y algo repugnante de la mano derecha del cura se le quedaría aferrado al olfato y al recuerdo como la magdalena proustiana. Pero fue desde que descubrió, por experiencia propia, cuál era el origen de ese olor particular que el muchacho comenzó a manifestar conductas neuróticas de una asepsia oscura y enfermiza. Víctor, flaco y de piel pálida, un larguirucho apuesto, aunque bastante esquivo y de cabello graso, quería evitar a toda costa que sus manos olieran a esperma. Le causaba horrores pensar que la gente al olfatearlo descubriera su gozo solitario. Lo peor era que mientras más temía ser descubierto por las narices ajenas, mayores eran sus impulsos onanistas.
Antes de llegar a su decisión criminal, probó de todo para evitar andar por la vida oliendo a paja recién hecha. La primera medida que adoptó fue la de no saludar con la mano; así quedase como un grosero, no le importaba, prefería esto a que su olor se impregnara en la mano del otro y quedaran al descubierto sus placeres privados. Para Víctor no era un consuelo que la mayoría de los seres humanos se masturbaran, sobre todo en la adolescencia, para él era una desgracia que le abrasaba la nariz. El muchacho había desarrollado una fuerte paranoia que lo llevó a extremos muy ridículos antes de caer como víctima de sí mismo. Es fácil pensar en las fórmulas básicas que usó para mantener las manos pulcras y los olores restringidos: jabón antiséptico, antibacterial, líquido y en pastillas; también un poco de alcohol, preferiblemente al cien por ciento. Una vez bien lavadas, piedra pómez y esponjas de alambre para restregárselas. Al principio, Víctor agregó cremas suavizantes, con agradables aromas, pero poco después las desestimó al convencerse de que su aroma dulce se combinaba con el olor de sus fluidos, y esto empeoraba las cosas. Alguna vez se le ocurrió masturbarse con guantes quirúrgicos y con un preservativo en el pene, pero el placer no era el mismo, así que desechó tales implementos. Ni un día soportó la determinación de no tocarse, la angustia le causo fiebre y un delirio que acabó con un reventón de leche sobre unas de las páginas del libro de autoayuda con el que trataba de controlar su adicción (…)

sábado, 28 de abril de 2012

Los cuentos de Las Malas Juntas

En vísperas de aniversario, Las Malas Juntas se viene con cuentos. Pablo Giordano, Gabriel Payares, Juan Marcos Almada y Miguel Hidalgo Prince nos echan los cuentos. Vayan, lean.
Pino Deodato

domingo, 26 de febrero de 2012

Hola, me llamo Amy


"Limbus", Dino Valls

El problema es que te quedas callada; en realidad no callas, pero siempre dices lo mismo, eres como una máquina repetidora de frases. Y soy yo el que reclama, el que grita, el que te confiesa “Amy, te amo”, el que queda como un loco, en la intimidad y frente a la gente. Bien sabes que la locura es poca para adjetivar mi amor por ti. Lo supiste desde esa primera vez que nos vimos a través de una pantalla y te dije: “eres mi amor, mi elegida”. Lo supiste desde el principio, tenerte conmigo no fue fácil, traerte implicó un largo viaje que te dejó exhausta y sin habla al pasar por la aduana. Al verte tan extraña, ciertamente exótica, los funcionarios trataron de intimidarte y tú no comprendías su lengua y te quedaste muda, un poco inerte. Sé que aprovecharon tu desamparo, y hasta trataron de propasarte contigo, pero yo hacía lo que podía, querida, los funcionarios públicos tienen oscuros poderes. Tal vez pensaron que llevabas drogas en tu organismo y quisieron ponerte nerviosa, suele pasar.
Y tuve que hacerme responsable de tu estadía en el país, llenando tantos papeles, firmando aquí y allá, ¿por qué es tan sospechoso alguien que trae a una mujer extranjera a vivir consigo? Los maldije en silencio, mientras tú me mirabas con tus ojos brillantes, con tu boca callada. “¿Dónde se conocieron? ¿Cuánto tiempo la tendrá consigo?” Nos conocimos por internet y pienso tenerla conmigo siempre o hasta que el desgaste nos separe. Nos casaremos y seremos felices, les dije sin mirarlos, sin importarme que hicieran un reporte acusándome de altanería. Sin detenerme a escuchar los susurros y las risas burlonas que provocó mi manifiesto amoroso. Firme aquí y llévese  su amor, y ya sabe: no cause problemas. Malditos, ¿acaso el amor es un problema? (...)

viernes, 10 de febrero de 2012

Extrañas juntas


Las Malas Juntas acaba de sacar su número 18, en donde encontrarán tres poetas, un cuentista, un chikân y una aberrada que le gusta observar a los elefantes mientras orinan. No sean tímidos, pasen y lean. 

miércoles, 4 de enero de 2012

Diálogo entre mesa y sombrilla

      -Es muy raro que no se haya devuelto. ¿Hace cuánto se fue?
-           Una media hora más o menos; tal vez no quiera saber nada más de nosotros. Se hartó.
-           Estamos claros que las discusiones las comienzas tú.
-           Sí, y tú las callas con tu indiferencia; así no se puede.
-           Ella debería estar de vuelta.
-           Ves, discutir contigo es como hacerlo con una máquina de coser con una sombrilla encima.
-           No sé a quién se le ocurriría esa imagen.
-           A mí tampoco y ni me importa. Me gustaría que aclaráramos nuestra situación.
-           Hablamos de eso cuando estés más relajado.
-         ¿Más relajado, dices? Será muerto, sólo así me relajaría contigo. Eres capaz de sacar de quicio hasta a un santo.
-           Eso depende del punto de vista. Yo me siento bien, relajado. Quizás un poco inquieto porque me parece muy raro que ella no esté de vuelta. ¿Le ocurriría algo?
-           ¿Qué le va a estar ocurriendo? Ella sabe su camino. Déjala quieta. Lo nuestro es grave.
-           ¿No te parece grave su ausencia? ¡Eres un insensible!
-       Ja, lo que faltaba, el colmo de la ironía. Un robot me tacha de insensible. ¿Sabes qué? Ya no quiero continuar este diálogo de sordos. Vete al infierno.
-         ¿Adónde vas?
-           ¿Qué te importa?
-          Es que pensé que de pronto te ibas a meter al agua. Y se me ocurre que la podrías traer de vuelta.
-          ¡Bah, imbécil!


La ola regresó unos minutos después, arrastrando consigo una máquina de coser y una sombrilla amarilla; ambos objetos separados.

Ilustración: Robert and Shana Parkeharrison

viernes, 16 de diciembre de 2011

Libertad Queen



"Nació errada; ella no: su cuerpo. Lo suyo había sido equivocaciones desde el principio, allá en la isla; la patria de la que sería más tarde una proscrita. Su padre la presentó en una pequeña prefectura, cuya ventana daba al muelle donde se divisaba un gran grupo de ciudadanos indeseables que salían del país por orden militar. El progenitor nunca pensó que su pequeño correría la misma suerte. No tenía porqué salir del país, él y su familia trabajaban con el esmero y la tranquilidad de quien no se interesa en asuntos políticos. Esa mañana en la prefectura, el padre parado frente al escritorio tuvo que llamar la atención de la secretaria, que espiaba desde la ventana de metal, marrón y carcomido, el desarrollo de los hechos. La secretaria atendió el llamado como quien deja de ver un partido de fútbol en semifinales, a escasos cinco minutos de terminar el juego. Ella le ofreció una sonrisa por disculpa y le comentó que estaban echando a las maricas. A las maricas, a las putas, a los delincuentes, a los locos, a los sinvergüenzas y a todos los bichos de uña —extendió la lista el hombre que esperaba ser atendido—; están limpiando la isla —remató—."
Si quieren seguir averiguando vayan a Las Malas Juntas, ahí estamos. 
Saludos solitarios.  

martes, 6 de diciembre de 2011

Razones de Luis, de por qué Luis



Filosofía perenne

¿qué sujeto eres, cómo sabes cuando eres el sujeto, que eres, qué sujeto te sientes, donde allí te sujetas, desde cuándo, si te agarras, sujeto, a tu historia

Y cómo la pronuncias, pones la boca cerca, la parte alta más pegada a la base, el labio con el labio, tan juntos que apenas se escucha

La historia del sujeto, que cae

Y cómo cae, cómo el sujeto cae, desde un avión, si cae desde un avión, en la llegada, como rodando cae, si cae, como un talud se cae, con maletas se baja, como cayendo de un avión, con prisa

El sujeto cayendo para contar su historia

Y en qué exacto lugar del destino se golpea, o en qué lugar del cráneo, o de la espalda, en el destino, siquiera momentáneo, donde no se es oriundo

And this shit es qué mierda en qué parte de esa historia qué cuentas, of what disaster is this shit the imminence,

en esto la inmanencia qué rol juega, cuál es el papel de la ñoña, la jeta, la confianza, en la historia que cuentas

con la letras minúsculas

de lo pequeño tuyo, sujeto qué sujeto

sujeto dónde sujeto cuál sujeto

el tema el objetivo la cascada

el inicio el lomo cruzado de heridas wounds en esa lengua

donde caes dónde caes?

Luis Moreno Villamediana

lunes, 14 de noviembre de 2011

Muchacho querido o te maté porque te pusiste cómico



Te cuento que es extraño recorrer la ciudad haciendo tanto ruido, si por mi fuera le pediría a los oficiales que apaguen la sirena, que ya está, que yo no me voy a escapar, que palabra de patrón, que tranquilos, que todo normal. Tanto ruido por alguien que se ha condenado a sí mismo. La humanidad siempre tan histriónica. Recuerdo los rostros, los gritos de la escena: todos parecían cantantes de ópera. Lamento haberte manchado la camisa nueva, creo que varios botones cedieron ante el forcejeo; suele pasar, siempre más de uno sale lastimado.

Tengo ganas de fumar, es raro porque yo no fumo, debe ser la ansiedad. Sí, eso es. Cuesta estar tan quieto, me gustaría hablar, y no es que no pueda hacerlo, los oficiales que me acompañan no me intimidan, de hecho fueron muy amables cuando me apresaron. Y no podía ser de otra manera, llevan al benefactor preferido de la ciudad, de esta ciudad tan conservadora. El camino es largo, sobre todo si el tráfico está trancado, podría hablar con ellos, pero de qué. ¿De qué se habla con un policía? ¿De Cuatro Crímenes, Cuatro Poderes? ¿Acaso de boxeo? Prefiero quedarme callado y que los custodios tengan la gentileza de no encender la radio. Mi abuelo siempre contaba que en época de guerra, él era el único del lugar que tenía radio y que al final de las tardes los vecinos de confianza se acercaban a escuchar los reportes bélicos. Oían en silencio, con los sombreros en las manos, como si estuvieran escuchando misa.

Hay mucho tráfico y hace calor, el calor te abrasaba las mejillas, querido muchacho. Los oficiales aceptaron apagar las sirenas, se los pedí de buena manera, no titubearon en obedecerme, tienen conciencia de subordinados. Hasta fantaseo con pedirles que me dejen en algún lugar. Deténganse, por favor, yo me quedo aquí. Y uno de ellos me quitaría las esposas, no sin decir: cómo usted ordene, señor. Y yo agradecería con mis mejores modales, me despediría con una fría indiferencia y caminaría un poco para tomar aire, con el garbo de quien es dueño de la situación. Seguramente los oficiales se irían pero no me abandonarían del todo, temerían por la seguridad del Don, del Jefe, del Señor, del Amo. Ellos me escoltarían hasta donde mis caprichos me llevaran.

Mis caprichos me llevaron hasta tu piel joven, incitante, hasta tu rostro cuya belleza sólo era superada por Björn Andrésen. Bastó ese rostro para producir el morbo, la indecencia y una insoportable adicción. ¿Para qué nos vamos a hacer los interesantes? Te sometiste al juego del mancebo en manos del hombre poderoso y complaciente. Una caballeriza es un romántico lugar para encontrarnos, dijiste esa mañana sin pudor alguno, lo dijiste con la altivez de quien se sabe dueño de la conquista. Ni siquiera bajaste los ojos, me miraste de frente, no te tembló nada. Ya me habías pillado espiándote en tus tareas cotidianas, en tus labores desgraciadamente heredadas; aunque en realidad, tú merecías pertenecer a otra clase, ni siquiera tu fenotipo era parte de los tuyos. ¿Acaso no eras una aparición? ¿No lo fuiste siempre?

Desde ese día en la caballeriza, fuiste moviéndote con la gracia de un divino sinvergüenza que sabe que su rostro y todo su cuerpo tienen al mundo a la altura de sus rodillas. Desde el principio intuí el peligro, pero acaso la intuición me detendría. Jamás. Me dejé llevar a tus rastras, querido muchacho mío.

El escándalo fue menguado ante el temor que produce el poder. Y tú, oh joven señorito divino, te fuiste vengando en nombre de todos los tuyos, generación tras generación sometida al amo, a mande mi señor. El guión es el mismo de siempre, señores, aquí no les traigo novedad alguna. Fue una dulce temporada en nuestro infierno. Habías nacido fuera de la casa del señor, a la que en honor a tu belleza, debiste pertenecer siempre. Te valiste de tu astucia y de ese inmisericorde rostro de deidad diabólicamente hermosa, para entrar a la casa y a las piernas del señor. Y jugaste al rol del mancebo, el papel que te tocaba. Lástima que fueras tan inculto para no saber de pactos, de tragedias. Y comenzaste a abusar de tu poder de mortal. Y este hombre curtido de antecedentes trágicos, sabía que te me escapabas de las manos. Y tanta soberbia heredada no se iba a doblegar completamente ante los berrinches de un joven fatalmente hermoso, mucho menos se iba a amilanar ante la burla, ante el postín de la muchacha que se estaba metiendo en cosas de hombres. Pobre desgraciada, espero hayas aprendido la lección.

Ah, muchacho querido, es una lástima haberte manchado la camisa de seda italiana. Ah, pobre muchacho mío.

Ilustración: Squeak Carnwath

sábado, 5 de noviembre de 2011

Una de la secta de los media lengua

En principio iba a ser una entrevista para un documental sobre "mujeres creadoras". Me tocaba grabarme diariamente y hablar sobre lo que hago. Por contratiempos y otras cosas, el documental no se terminó de llevar a cabo y en estos días me topé con los videos; así que decidí colgar uno de ellos. Como se darán cuenta, pertenezco a la secta de "los media lengua"; me trago las erres en algunas combinaciones. En la escuela se burlaban de mí y me pedían que dijera: "tres trenes traen cigarros" y otros tipos de combinaciones trabalenguas. En consecuencia, un día quemé la escuela, con todos adentro. No, mentira, pero sí los maldecía y maquinaba mis venganzas con un prematuro humor negro. Es que yo crecí con la ponzoña en el ojo.
Cortázar también pertenecía a la secta, pero él se hacía el francés y simulaba unas erres francesas.
El video está cortado porque en esa oportunidad se agotaron las baterías. Comprobarán que no termino de formular lo que iba a declarar y mi rostro queda arrugado, como si estuviera arrecha. ¡Zas!

viernes, 28 de octubre de 2011

El 13



El volumen 13 de Las Malas Juntas casi coincide con la celebración de Halloween, por un poco y salimos en la noche de brujas. Les invito a hallar los recuerdos en las "Gavetas que no se abren", un cuento de Liliana Lara; pasen y encuentren su propio clon de Fidel Ernesto en el cuento de José Urriola "Los clones del mañana"; vean qué hacen dos lesbianas, un desempleado y dos amigos que aspiran cocaína en el cuento de Luis Chaves "Méndez y Jota"; busquen la persona en los poemas de Luis Moreno Villamediana; bajen hasta el sótano de Alfredo Trejos. Y, por último, no se pierdan un episodio de la vida en pareja de Caperucita Roja y el Lobo, gracias a la viñeta de Paio Zuloaga.

viernes, 21 de octubre de 2011

Sentencia de arena


El dictador soñó que guiaba un ejército victorioso sobre una vastedad de enemigos invisibles. En combate interminable, los soldados enloquecidos de patria, se mataban entre sí. Él los vitoreaba por su feroz valentía. Entre gritos de sangre, el desierto hizo de los cuerpos agónicas figuras de arena. El viento las deshizo en meras partículas. La soledad del silencio apagó los gritos.

Al despertar, el gastado dictador vio cómo el reloj de arena colaba, grano a grano, cada soldado muerto. Frente a él, un juez lo sentenciaba a la prisión de sí mismo, encadenado a la eternidad del desierto.

martes, 4 de octubre de 2011

El señor cabeza de huevo


Odiaba al señor cabeza de huevo, conocido por todos como Humpty Dumpty. Alguna vez intentó rajarle la cabeza, pero Humpty había construido un muro alto y poderoso, desde donde su enemigo se veía a la distancia de un vulgar insecto rastrero. Del otro lado del muro, el señor cabeza de huevo se reunía con poderosos personajes que gustaban hacerle compañía, con el escondido deseo de que Humpty Dumpty construyera inalcanzables muros para ellos habitarlos.

Pronto, el mundo de Humpty Dumpty se rodeó de muros, nunca tan altos como el suyo, pero lo suficientemente elevados para no pisar el suelo, allá abajo, donde el odio se veía tan esmirriado, tan insignificante.

Humpty Dumpty había soñado con ser un Fabergé, pero el tiempo le hizo comprender su amarga condición mortal. El tiempo descompone la vida de un huevo, lo va pudriendo. El huevo oscuro, maloliente. Ahora él sabía que estaba empezando a heder, que estaba perdiendo ese brillo amarillo que, cual riqueza, conquistó a tantos. Adentro, el amarillo era casi fecal. Humpty Dumpty, te estás pudriendo, le gritaba desde abajo su viejo enemigo. Humpty Dumpty, baja del muro, el suelo te espera. A pesar del deseo del enemigo tan poca cosa, el cabeza de huevo no se dejó caer, él prefirió descomponerse, echarse a perder por dentro, hasta que un día su cuerpo no pudo más y reventó, todo él hecho pus, todo él pura mierda.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Mafio y Las Malas Juntas


Ya salió el volumen 10 de @lasmalasjuntas, pueden pasar cuando quieran. Invitan Mafio y sus mafiosos.


viernes, 2 de septiembre de 2011

En 140, apenas (II parte)



"Es que no la soporto, cada vez que la escucho siento que me taladra la cabeza". La caries refiriéndose a la fresa del odontólogo.

"Comprendo tu estrés, te toca fingir, aunque estés mal. A mí me toca decirle a todos: Me gusta". Conversación entre Like y Smiling Face.

Estaba ebria en el bar y miraba la nueva tecnología con amargura. Marcó una canción de La Lupe y dijo: Yo también fui moderna. La rockola.

"A veces me siento como un inútil, como un plato de segunda mesa. Muchas veces ni siquiera acuden a mí, me dejan de lado". El Plan B.

Harta de recibir tantos golpes, la pelota serruchó al bate. Nunca más, le dijo, mientras veía volar las astillas.

"No soporto más esta presión, estoy que reviento". El maíz de cotufa.

"Es talentoso y moderno, pero habla mucho, su perorata es cansona. No llegará lejos con esa actitud". El cine mudo cuando conoció al sonoro.

Debería salir, tomar un poco de aire, eso es saludable". El Doctor. "Preferiría no hacerlo". Gadafi. Reinterpretación de un clásico.

"Mi jefe me explota, trabajo horas extras, por eso no puedo dormir. El sueldo no me da ni para el alquiler, vivo en una caja". Cesare.

"¿Por qué será que últimamente nadie me visita? ¿Será que debo cambiar la decoración, abrir un poco las ventanas?" El Conde Orlock.

"Ay, sí, ahí está ella, guiando a los turistas. Se cree la gran estrella, la fulana Belén esa". Una estrellita anónima del montón.

¿Por qué siempre eres tú el del anillo, el de la vida social, y yo el de los mocos y oscuros orificios?” El meñique resentido al anular.

"Estoy tan enamorada, que por ti sería capaz de perder la cabeza". Una fan del verdugo.

"A mí sólo acuden los fracasados". Dios.

"No quiero entorpecer tu camino, ni ser una traba en tu vía, pero creo que estás llevando las cosas muy lejos". El riel al tren interestatal

"Aunque no lo creas, me siento un poco ahogado en este lugar. No sé, necesito aire". El pez inconforme.

"Las tetas de mi amigos son testículos para mí". El hipócrita.

Cuando el carnicero fue a pedir la mano de su amada, él mismo se encargó de cortar, con sumo cuidado, la presa suave y blanca.

"Chico, que no alces la voz. ¿Por qué siempre tienes que alzar la voz cuando estás frente al público?" El amigo de un micrófono inseguro.

“Soy bipolar, mi vida es un constante altibajo. He tratado de acabar con esto, de tirarme, pero siempre hay algo que me ataja". El ascensor.

Carolina Lozada en Ficciones para Twitter o la Rebelión de los Mamarrachos

Ilustración: Liliana Porter

lunes, 22 de agosto de 2011

Wiese


En el número 8 de Las Malas Juntas, pueden leer la traducción del cuento polaco "Wiese", de Zofia Nałkowska, hecha por Maja Zawierzeniec. Acá les dejo un adelanto:


"No me desagradaban los judíos. Como tampoco me desagrada la hormiga o el ratón.

Ella espera un momento para ver qué le digo a eso.

Está sentada con toda la pesadez de su cuerpo. Es grande y bastante gorda. Aún no se deshace de su gabán de campo con rayas grises y azul marinas. También el pelo lo tiene bien corto, como los hombres. Lleva gorra, igual de rayas grises y azul marinas.

Viene de visita. Está instalada en una silla blanda en una habitación de hotel. No pide nada, no necesita nada. Sobre todo, no necesita dinero. Y el que le dieron en la asistencia social lo quiere regalar, cuanto antes, a quienes más lo necesiten. Si no hay de otra, lo quiere dar para guardar. Tanto asco le da" (…)