domingo, 2 de agosto de 2009

Onetti, un domingo



“Quisiera no haber visto del hombre, la primera vez que entró en el almacén, nada más que las manos; lentas, intimidadas y torpes, moviéndose sin fe, largas y todavía sin tostar, disculpándose por su actuación desinteresada” (Los adioses, 1954).

Recuerdo mi primer encuentro con Onetti, ocurrió en Caracas, bajo el puente de la avenida Fuerzas armadas, en el rincón de remate de libros usados. Era domingo y los libreros ofrecían precios especiales para los lectores que preferíamos ir en búsqueda de lecturas que del perdón cristiano en las iglesias. Yo había comprado varios libros y me quedaba poca plata, tan poca que podía adquirir sólo uno más. Removí los textos en el mesón con la rapidez y habilidad que tenemos las mujeres para buscar gangas en las tiendas, y fue ahí cuando me topé con dos títulos de dos autores disímiles, en su oficio y en su posición frente a la vida, uno de los libros era Para una tumba sin nombre de Juan Carlos Onetti, el otro: La colmena de Camilo José Cela; ambos tenían el mismo precio y estaban publicados bajo el mismo sello editorial y dentro de la misma colección. No había leído a ninguno y tenía que decidirme. Lo primero que hice fue leer ambos inicios, soy de las que cree en los buenos arranques. Si un escritor pierde un cuento o una novela después de haber logrado un buen arranque es un hecho lamentable. Afortunadamente con Onetti no ocurrió esto, sus historias se mantienen sostenidas por el dominio y la destreza de un buen escritor, exigente, laborioso, entregado hasta el frenesí en su oficio.

Reproduzco el inicio que me inclinó hacia Para una tumba sin nombre: “Todos nosotros, los notables, los que tenemos derecho a jugar al póker en el Club Progreso y a dibujar iniciales con entumecida vanidad al pie de las cuentas por copas o comidas en el Plaza. Todos nosotros sabemos cómo es un entierro en Santa María. Algunos fuimos, en su oportunidad, el mejor amigo de la familia; se nos ofreció el privilegio de ver la cosa desde un principio y, además, el privilegio de iniciarla”. Pero como en la vida no todo es literatura hubo otra razón para escoger esta novela, una razón más bien sentimental: el hombre que me acompañaba esa mañana había nacido en Montevideo, así que no lo pensé más y metí a un uruguayo dentro de mi bolso, y con el otro me fui caminando de la mano.

Con el tiempo me hice adicta de la escritura onettiana. Más adelante, en tiempos de tesis universitaria, me enteré de que el uruguayo se había referido a Camilo José Cela como un “mal escritor, peor persona”. De modo que creo tomé una buena decisión, y si sumo a esto los apartados 4 y 5 de Roberto Bolaño en sus “Consejos sobre el arte de escribir cuentos”, cualquier curiosidad que haya quedado suspendida sobre la obra de Cela se extinguió en algún remoto domingo: “Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral”, “Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura”.

Títulos como El Pozo, Los adioses, Juntacadáveres, El astillero, “Jacob y el otro” no hicieron más que azuzar mi adicción. Pero el trancazo definitivo vino con La vida breve, con ésta se produjo la epifanía. Y vale aquí una confesión testamentaria, por si acaso muero mañana —todos vamos a morir mañana— si me preguntan por las novelas que me han causado mayor impacto he decirlo: Crimen y castigo y La vida breve.

El pasado 1 de julio a Juan Carlos Onetti se le ocurrió cumplir cien años. Su natalicio pasó un poco desapercibido, como ocurrió ciertamente con su vida y obra. El uruguayo siempre fue un autor de bajo perfil, un poco huraño a la sobre-exposición pública. La celebración fue discreta, más bien íntima. Nada que ver con los recordatorios, delirios y homenajes cada vez que Cortázar anda de cumpleaños, pero bueno, que no es para lamentaciones ni recriminaciones que hago esta nota, sino para celebrar escrituras necesarias y amadas. En algún momento pensé escribir para esa fecha aniversaria pero luego decidí posponer, a mí tampoco me gustan las infames canciones de cumpleaños.

De Onetti se han dicho muchas cosas, que si su misoginia, que si su morboso pesimismo. A mí estos postulados me aburren, prefiero leer lo que escribió la periodista María Esther Gilio con su certero y encantador estilo. Considero que Gilio es quien logró acercarse de manera más efectiva al nada dócil escritor.

Comencé este breve texto con el inicio de Los adioses, y para ser coherente quiero cerrarlo con ese final tan sobrio y limpio:

Casi sin respirar, miré a la muchacha que inclinaba la cara sobre el conjunto inoportuno, airadamente horizontal, de zapatos, pantalones y sábana. Estuvo inmóvil, sin lágrimas, cejijunta, tardando en comprender lo que yo había descubierto meses atrás, la primera vez que el hombre entró en el almacén —no tenía más que eso y no quiso compartirlo—, decorosa, eterna, invencible, disponiéndose ya, sin presentirlo, para cualquier noche futura y violenta.

7 comentarios:

mariano skan dijo...

Yo también quise comenzar Onetti por La vida breve luego de leer una ponderación del señor Saer, pero el ejemplar se había convertido en inhallable. Hace unos pocos años que Boocket comenzó a reeditar todo Onetti. Asi que pasé por el Astillero editado por Salvat y prologado por Donoso, algunos cuentos ( me impactó mucho El infierno tan temido )y otras novelas. Con el tiempo conseguí un ejemplar de La vida breve y la fotocopié, ahora falta leerla.

Me gustó mucho tu evocación hacia Onetti, con esa atmósfera nostálgica y citas de Bolaño.
Sabías que se disputaron una muchacha con Cortázar?Onetti tuvo una vida amorosa como sus ficciones.


un abrazo

Olivia Güel dijo...

¡Extraordinario! Tu odio por Cela y por Umbral es mayor que el mío.

Sobretodo Cela, a mi parecer incomprensiblemente endiosado por críticos sin criterio y lectores con complejo de inferioridad que sólo compraban sus libros porque era nobel.

Las referencias a Roberto Bolaño me han encantado. Onetti, Borges y García Márquez, imprescindibles.

Algún día haré una lista de mis autores favoritos, porque me han impresionado muchos libros. Depende del momento, del lugar, de las experiencias. Fantástico post!

Por cierto, ¿Hás leído alguna vez los cuentos de http://elbeatdelfresno.blogspot.com/ ?

Un descubrimiento, oye.

¡Un beso!

Víctor dijo...

Tarea difícil esa de seleccionar de Onetti. Pero si es una tarea, me quedo con El astillero y Juntacadáveres.
En cuanto a morirse, creo que nadie se muere mañana, sino más tarde, pa lueguito, como dicen los mexicanos.

BLUEKITTY dijo...

Casualmente este mes es el mes de mi cumpleaños y el de mi chico también. Hemos decidido regalarnos libros mutuamente.
No he leído nada de este autor así que ya he anotado lo recomendado. Después te cuento ;)

saludos

pd¿tan mala es Cela???

Carolina dijo...

Mariano, es cierto lo que dices "La vida breve" es un libro difícil de hallar, pero bueno se supone que este año reeditaron todo Onetti en España. Me gustaría leer el libro que escribió Vargas Llosa, pero aún no lo encuentro. Ya lo tendré. Ahora cuéntame una cosa: la historia de esa muchacha...
P.D. Te dejé un comentario sobre Levrero en tu post sobre éste y Sándor Márai, ¿lo leíste?

Olivia, no odio a Cela ni a Umbral, ni siquiera los leo. Sólo cuento una anécdota con un libro de Cela y reproduzco las apreciaciones que tenían Onetti y Bolaño respecto a él. Pero no cabe duda de que Camilo José Cela deja mucho que desear, pero esto va más allá de su oficio de escritor. El punto es que sus “relaciones” con el poder no lo han dejado bien parado.
Acabo de entrar a la dirección que dejaste, a la casa del Beat del fresno, ya lo leeré y hablaremos. Y gracias por tus comentarios.

Víctor, estoy de acuerdo contigo, tanto en la elección como en la disposición temporal-anímica “pa lueguito”.

Bluekitty, feliz cumpleaños por partida doble. ¿Cuál es la fecha de tu natalicio? No te preocupes, no te cantaré el cumpleaños, como ves no me gustan esas canciones.
Ahora, no sé si sea conveniente regalar un libro de Onetti como presente amoroso… Bueno, esto es joda, sólo un guiño. Cuando lo leas ya me dirás.
En cuanto a la pregunta sobre Cela: según Onetti y Bolaño es muy malo. A mí, la verdad no me interesa averiguarlo. Me imagino que debe tener defensores y detractores.

Saludos a todos.

mariano skan dijo...

Coincido con vos sobre lo que dices de la novela luminosa. El diario de la beca es para leer de a cuenta gotas, por lo menos en mi caso. Todavìa recuerdo los tràmites que tuvo que hacer para renovar la cèdula de identidad. La novela propiamente dicha es superior, me gustan sus disgresiones y la capacidad para imaginar situaciones mìsticas.
Con respecto a la chica que se disputaron alguna vez Onetti y Cortàzar puede decirte que esa chica fue la traductora de Calvino Aurora Bernàrdez y esposa luego de Còrtazar, muy bella por cierto.
saludos

BLUEKITTY dijo...

El último día del mes de agosto... y ya comienza a pesarme. No me gusta festejar cumpleaños y menos me gusta cómo suena esa tonta canción de niños. Agosto me deja exhausta.

saludos