viernes, 21 de octubre de 2011

Sentencia de arena


El dictador soñó que guiaba un ejército victorioso sobre una vastedad de enemigos invisibles. En combate interminable, los soldados enloquecidos de patria, se mataban entre sí. Él los vitoreaba por su feroz valentía. Entre gritos de sangre, el desierto hizo de los cuerpos agónicas figuras de arena. El viento las deshizo en meras partículas. La soledad del silencio apagó los gritos.

Al despertar, el gastado dictador vio cómo el reloj de arena colaba, grano a grano, cada soldado muerto. Frente a él, un juez lo sentenciaba a la prisión de sí mismo, encadenado a la eternidad del desierto.

2 comentarios:

Andromeda dijo...

Qué imágenes tan poderosas surgen en la mente a partir de este relato y qué buen juego de palabras con respecto al sueño y la vigilia. El dictador ya podrá pasar sus días colando soldados (todo un infierno a mi modo de ver, je je).
Abrazos.

Carolina dijo...

Ahora es cuando le queda eternidad...