sábado, 12 de junio de 2010

El desalojo (o la caída del último hombre solo)

Él no quería irse, prefería mantenerse aferrado en un punto de ese suelo blando y pálido, con su cuerpo flaco y flexible debajo de las noches con sus días, pero una ley antiquísima lo obliga a desalojar ese pedazo de terreno que él creía propio. El suelo habitado se hizo inestable, y sus compañeros empezaron a marcharse. Grandes sacudidas telúricas dieron cuenta de montones de caídos; todos muertos en el piso, barridos de un escobazo. De nada sirvió oponer resistencia; un magnetismo invisible los echaba del lugar, los invitaba al destierro. Él veía marchar a sus compañeros solos y arrastrados por el viento. Se iba quedando solo y sus fuerzas cedían. Angustiado pensaba en el día que le tocará a él. Cuando llegara la hora ¿sentiría dolor?, se preguntaba. No obtenía respuesta, sólo escuchaba con temor el sonido del viento que lo empujaba. Un día sintió venir el desalojo, fue como un temblor de raíz, pero no dolió, fue un temblor ligero que lo arrancó y lanzó al vacío. Sintió vértigo, sintió que caía, sin dolor, sin ceremonia el último cabello de ese hombre viejo y ahora calvo.

Ilustración: “The Wasteland”, de Juan Muñoz

5 comentarios:

Bicefalepena dijo...

¡Muy bonito!, ellos al viento y ella tan sóla. Seguro que era una cana...

BLUEKITTY dijo...

jajajajja, gracioso y inesperado final. Aunque de seguro es una pesadilla para muchos :s

Carolina dijo...

Bice, sí, seguro era una cana.
Blue, para la cana el final era esperado.
Saludos :)

Andromeda dijo...

Vaya, Carolina, no me esperaba ese final tan ingenioso; la atmósfera me pareció muy kafkiana, de puro angustiante.
Beso.

Carolina dijo...

Andromeda: por la angustia se le cayó el pelo a ese hombre, seguro.
:)